Argentina ocupa el séptimo lugar a nivel mundial con un consumo de 22 litros anuales por habitante y genera alrededor de 106.000 puestos de trabajo directo y 280.000 relacionados a la industria vitivinícola.
En la década del 90, el doctor René Favaloro recomendó tomar una copa de vino por día para que no se taponen las arterias. Sin embargo, el debate entre quienes lo recomiendan y lo prohíben sigue vigente. Adrián Baranchuk, presidente electo de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC, por sus siglas en inglés) sostiene que, en su justa medida –entre diez y doce copas de vino por semana con dos días sin consumir en el medio–, es beneficioso para la salud.
“Las variables entre etanol y aparato cardiovascular constan de cuatro beneficios: coagulación, insulina, tonificación y depósito de colesterol en los vasos sanguíneos. Cuando se toma en pocas cantidades, estos cuatro factores son positivos. Hay vasodilatación (aumenta el flujo de sangre); disminuye el colesterol; mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los niveles de glucosa circulante; y hay mejor viscosidad sanguínea, lo que significa que la sangre es más líquida y restringe la posibilidad de formar coágulos que pueden impactar en las arterias del cerebro o el corazón”, señala Baranchuk a la Agencia de noticias científicas de la UNQ.
Sin embargo, si se pasa de la dosis correcta, los beneficios comienzan a atenuarse hasta que los aspectos negativos del consumo de vino superan a los positivos: aumentan los riesgos de presión, infartos y accidentes cerebrovasculares. Ahora bien, no todas las personas son iguales y no se les puede recomendar lo mismo. Si la persona no toma alcohol, la recomendación es que siga sin beber.
Fuente: pagina12.com.ar