Pese a que las leyes acompañan y a que hay un cambio de paradigma sobre lo que significa formar una familia, Pablo Fracchia tuvo que enfrentar muchos prejuicios hasta convertirse en papá de Mía.
Desde que era chico, Pablo sabía que quería ser papá, pero cuando a los 18 años decidió “salir del closet” y contar abiertamente que era gay, pensó que ese sueño iba a quedar trunco.
Con el correr del tiempo, pudo vencer prejuicios propios y ajenos, y recién a los 35 años se animó a inscribirse en el registro de postulantes a adopción. Nunca imaginó que a los pocos meses se convertiría en padre de Mía, que en ese momento tenía un año y 10 meses y que desde los 4 días vivía en un hospital.
Fue gracias a su militancia por los derechos LGTBIQ+, su paso como voluntario por la Cruz Roja y la sanción de una serie de leyes que ampliaron derechos –como la de matrimonio igualitario o la nueva ley de adopción– que Pablo pudo primero sacarse esa presión de “ser quién quería o resignar la paternidad” y, tiempo después, dar ese gran paso.
Fuente: telam.com.ar